Historia

 Mi nombre es Miriam Hirmas, nací en Cochabamba-Bolivia, pero desde enero de 1994 vivo en Rhode Island-Estados Unidos. Mi esposo y yo somos ciudadanos americanos y tenemos 49 años de matrimonio. Tengo seis hijas, nueve nietos y dos bisnietas.

 

Soy presidente de Red Día, fundada en 2009. Soy pastora y agente de salud mental. Fui Co-fundadora, con Gabriela Hirmas de Chiquíe, de Red Día. Mi esposo es pastor, Jaime Hirmas y, juntos, fundamos tres iglesias.

 

 La persona con discapacidad debe afrontar muchas situaciones difíciles, que afectan inmensamente a su entorno familiar. Yo sufrí por la falta de conocimiento, no por los tabús existentes en nuestro medio social y cultural. El escaso conocimiento (por no decir nulo) que tenía, hizo que no pueda entender a mi hija Gabriela. Me era casi imposible concebir su falta de organización y su forma de aislarse. No le gustaban las reuniones sociales o cumpleaños, y en la escuela era muy callada. Casi nunca la tomaban en cuenta en los deportes, no tenía coordinación y tenía una letra que ni ella podía descifrar, parecían jeroglíficos egipcios.

 

Un día nos llamaron de la escuela para decirnos que estábamos invirtiendo mucho dinero en ella, y que jamás aprendería a escribir ni a leer. El rostro de mi esposo se deformó y contestó a la maestra: “mi hija va aprender a escribir y a leer”. Él se convirtió en el maestro de Gabrielita, no de la forma tradicional, sino leyéndole una novela: “Corazón” de Edmundo De Amicis. En dos meses Gabrielita podía leer de corrido (aunque su letra fue siempre igual).

 

Yo pasaba horas tratando de animarla, de “enseñarle” como ser ordenada, disciplinándola, etc., pero no lo lograba. No importaba cuánto le decía que era una niña hermosa, inteligente y que no le faltaba nada para ser victoriosa, su autoestima estaba por los suelos. Yo era tan ignorante que no sabía contra qué luchaba, Gabrielita tenia pinceladas de autismo y TDAH. Su cerebro funcionaba de manera diferente y necesitaba herramientas. No sufría retraso mental, sino que el sistema ejecutivo que controla la impulsividad, resolución de problemas, planeación y otras áreas, estaba afectado.

 

Años después, cuando ella ya era mamá de dos preciosas niñas, su vida estaba despedazada, como narra en su libro “Fragmentos De mi Alma” (Gabriela Hirmas de Chiquíe). Pero encontró una luz al final del túnel.  Fue diagnosticada, y empezó comprender lo que sucedía. Cuando supo que no era floja, despreocupada, irresponsable, tonta, inútil, inservible… y todas las demás etiquetas que le habían puesto, oró y dijo: “Señor, no te pido que me cures, te pido que me uses…”. Y así fue, Dios la usó para su gloria y honra.

 

Cuando yo supe que mi hija sufría TDAH (Trastornó de Déficit de Atención con Hiperactividad) y TEA Trastorno de Espectro Autista, que en realidad no le faltaba voluntad para hacer las cosas, y que fui muy dura exigiendo de ella lo que NO podía hacer (porque su cerebro era diferente), lloré por largos meses. Comencé a leer y educarme, y deseaba con toda el alma que alguien me hubiera hablado a tiempo para ayudar a mi Gabrielita. Así quizá ella no hubiera sufrido todas esas vicisitudes, a pesar de ser criada en un hogar cristiano, lleno de amor y buenos ejemplos.

 

Por esta razón hoy dedicamos nuestras vidas para ayudar a quienes lo necesitan. Queremos romper tabús en las culturas y sociedad, que no permiten que nuestros niños, niñas y adolescente reciban una ayuda temprana. Queremos ayudarles a tener esperanza, y una vida en la cual puedan desarrollar aquellas áreas en las que son fuertes y llenos de virtud.

 

Pastora Miriam Hirmas

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